domingo 31 de agosto de 2008
Un metro bajo tierra
Aunque estaba muerta, quiso abrir los ojos. Vio la luz al final del túnel. Vio su nombre en una placa. Pero justo cuando ese hedor infernal se volvía insoportable, su martirio había acabado: al fin Ana Santana combinaría a línea cinco.
domingo 3 de agosto de 2008
La muerte después de la muerte
A altas horas y con lluvia, un auto se volcaba a quién sabe cuántas cuadras de allí. En el oscuro callejón, los ecos de la luz amarillenta rompían el silencio; las gotas, infinitas, encandilaban a víctima y victimario.
En la extraña sinestesia de su miedo, percibía como acorde disonante el brillo del cañón que apuntaba a su cabeza. Como si la vida se le fuera en ello, miró la pupila impenetrable del cíclope. Cinco tentáculos sostenían el cráneo cromado del engendro, mientras su cola bífida se plantaba en el asfalto.
En vísperas del disparo, el aguacero le sabía amargo sobre la chaqueta. Seguían tensos los hombros cuando, en un refulgente parpadeo, la bestia carraspeó como un trueno y lanzó su esputo ineluctable.
Al instante, sintió su nuca detonar. Mas, en vez del dolor o de la nada, sintió que gozaba de una compacta integridad, posible sólo en un estado espiritual. Todo era negrura, excepto el punto luminoso al final del túnel. En su carrera involuntaria hacia la luz, esta aumentaba su perfecta extensión circular a velocidad vertiginosa. Una vez atrás ya tan geométrica caverna, salió a viajar, siempre en línea recta, por la abigarrada confusión de nubes, fuego y gotas ingentes; que atravesó antes de ver que, desde muy lejos, se le venía encima su propio rostro. Entonces vislumbró la colisión inevitable con una frente sudorosa, crispada de manera imperceptible al contacto de su nuevo y metálico nivel de existencia.
En la extraña sinestesia de su miedo, percibía como acorde disonante el brillo del cañón que apuntaba a su cabeza. Como si la vida se le fuera en ello, miró la pupila impenetrable del cíclope. Cinco tentáculos sostenían el cráneo cromado del engendro, mientras su cola bífida se plantaba en el asfalto.
En vísperas del disparo, el aguacero le sabía amargo sobre la chaqueta. Seguían tensos los hombros cuando, en un refulgente parpadeo, la bestia carraspeó como un trueno y lanzó su esputo ineluctable.
Al instante, sintió su nuca detonar. Mas, en vez del dolor o de la nada, sintió que gozaba de una compacta integridad, posible sólo en un estado espiritual. Todo era negrura, excepto el punto luminoso al final del túnel. En su carrera involuntaria hacia la luz, esta aumentaba su perfecta extensión circular a velocidad vertiginosa. Una vez atrás ya tan geométrica caverna, salió a viajar, siempre en línea recta, por la abigarrada confusión de nubes, fuego y gotas ingentes; que atravesó antes de ver que, desde muy lejos, se le venía encima su propio rostro. Entonces vislumbró la colisión inevitable con una frente sudorosa, crispada de manera imperceptible al contacto de su nuevo y metálico nivel de existencia.
viernes 25 de julio de 2008
Komütuwe mawenko
Corrí por el cañón de las cascadas eternas.
Mi imagen, incrustada de cuárzicos reflejos, se movía con la perfección más digna de imitar. Ni con trote ni con saltos la carrera aminoraba. Pronto sentí la fraternidad de ser mutuas siluetas, hermanos por la contradicción del espejo que nos separaba.
Mas, si acaso éramos hijos del mismo mar inmortal, las energías que nos daban a luz debían ser distintas, como canto y aullido, como ciencia y arte; mi Selene y su Amateratsu. Concebidos por destellos diferentes, iguales no han de ser su volar flamígero y mi eólico flotar.
Caía ya la tarde. Caía yo en la cuenta.
El ocaso tiñió la evidencia con su sangre delatora.
Confundido, huí entre los escarpes.
Mi imagen, incrustada de cuárzicos reflejos, se movía con la perfección más digna de imitar. Ni con trote ni con saltos la carrera aminoraba. Pronto sentí la fraternidad de ser mutuas siluetas, hermanos por la contradicción del espejo que nos separaba.
Mas, si acaso éramos hijos del mismo mar inmortal, las energías que nos daban a luz debían ser distintas, como canto y aullido, como ciencia y arte; mi Selene y su Amateratsu. Concebidos por destellos diferentes, iguales no han de ser su volar flamígero y mi eólico flotar.
Caía ya la tarde. Caía yo en la cuenta.
El ocaso tiñió la evidencia con su sangre delatora.
Confundido, huí entre los escarpes.
jueves 15 de mayo de 2008
Aristas sempiternas
Se encontraba con manos y pies atados, desde el interior, a los vértices de un cubo. Miró al frente, arriba y abajo. Podía ver, bajo una nimia luz azulina; casi una oscuridad disfrazada. Las paredes, negras hasta enceguecer, encajaban con tal perfección que se preguntó cómo había llegado hasta ahí. Se prestaba a mirar hacia los lados cuando, sorpresiva y fatalmente, la caricia de una brisa lo golpeó en la mejilla. Lo sorpresivo, para él; lo fatal, para el cubo, cuya perfección ultrajada valía menos que un soplido. La pregunta concibiéndose en su mente se tornó gas, y luego miedo, cuando las paredes se perdieron, pulverizadas, en el ciclón de fuego que lo envolvía todo. Sólo las aristas quedaban cuando el miedo se volvió líquido, y escurrió con rapidez por su cuerpo tembloroso.
jueves 8 de mayo de 2008
El arte del dolor
Solo, como cualquier adolescente cuya familia duerme hace ya un rato, mientras las hojas discuten con el viento quién golpea realmente a quién. Así no se encontraba, tan sólo por no ser sordo, el joven cuya concentración debía vencer tanto los ronquidos carraspeantes como la newtoniana discusión que perturbaba su ventana. De pie junto a su escritorio, intentaba convertir las molestias cervical, lumbar y abdominal en una sola.
Concéntrate...
Quizás así se sienten las puñaladas al estómago, pensó mientras cerraba los ojos.
...tú.
Y una afección renal, tal vez. No, la dolencia no era tan baja.
Con el dolor, eres uno.
Lograr el trance no era fácil. Posiblemente tendría que recurrir a un apoyo material para concentrarse. Algún objeto sobre el cual focalizar sus esfuerzos.
No es un invasor...
Pero había. Sobre el escritorio, de todo. Sobre vientos, ronquidos u hojas, por fin nada.
...sino tu mente en tu cuerpo...
Sintió ganas de recogerse sobre el abdomen. Pensó ganas de no hacerlo.
...y tu cuerpo en tu mente.
Sólo el cuello se aliviaba. Con terrible serenidad, el dolor proliferaba cual gota de agua en servilleta; de agua pura, cristalina. Y que nadie asegure si su proliferación es o no mayor que su pureza, mientras no sepa decir si hablará del agua o del dolor.
Concentrarse para...
El trance está incompleto. Su mano se estira, para -...acorralarlo.
Si buscas...
Como torturándolo, sus dedos cogen con fuerza el objeto que -...acallar el dolor...
Tan sólo concentrarlo en su abdomen, tan sólo -concéntrate- se siente frío, metálico -¡Más allá del trance! - Liviano, muy liviano.
Como si su cuerpo constara sólo de abdomen, sintió al dolor agolparse justo donde quería; era penetrante, pero de dominios reducidos. Con sus manos vacías trató de palpar ese lugar, pero el umbral del dolor ya había relegado el tacto a las sombras insensibles. De repente, no supo si preguntarse por qué, repentinamente, miraba hacia el techo; o por qué, contra todo pronóstico, el calvario menguaba hasta eclipsarse.
Avergonzados al ver el dilema del muchacho, tanto las hojas como el viento dejaron su debate; tonto, por cierto, ahora que lo veían desde afuera.
Al fin, supo que estaba sólo. Y fue lo último que supo.
Concéntrate...
Quizás así se sienten las puñaladas al estómago, pensó mientras cerraba los ojos.
...tú.
Y una afección renal, tal vez. No, la dolencia no era tan baja.
Con el dolor, eres uno.
Lograr el trance no era fácil. Posiblemente tendría que recurrir a un apoyo material para concentrarse. Algún objeto sobre el cual focalizar sus esfuerzos.
No es un invasor...
Pero había. Sobre el escritorio, de todo. Sobre vientos, ronquidos u hojas, por fin nada.
...sino tu mente en tu cuerpo...
Sintió ganas de recogerse sobre el abdomen. Pensó ganas de no hacerlo.
...y tu cuerpo en tu mente.
Sólo el cuello se aliviaba. Con terrible serenidad, el dolor proliferaba cual gota de agua en servilleta; de agua pura, cristalina. Y que nadie asegure si su proliferación es o no mayor que su pureza, mientras no sepa decir si hablará del agua o del dolor.
Concentrarse para...
El trance está incompleto. Su mano se estira, para -...acorralarlo.
Si buscas...
Como torturándolo, sus dedos cogen con fuerza el objeto que -...acallar el dolor...
Tan sólo concentrarlo en su abdomen, tan sólo -concéntrate- se siente frío, metálico -¡Más allá del trance! - Liviano, muy liviano.
Como si su cuerpo constara sólo de abdomen, sintió al dolor agolparse justo donde quería; era penetrante, pero de dominios reducidos. Con sus manos vacías trató de palpar ese lugar, pero el umbral del dolor ya había relegado el tacto a las sombras insensibles. De repente, no supo si preguntarse por qué, repentinamente, miraba hacia el techo; o por qué, contra todo pronóstico, el calvario menguaba hasta eclipsarse.
Avergonzados al ver el dilema del muchacho, tanto las hojas como el viento dejaron su debate; tonto, por cierto, ahora que lo veían desde afuera.
Al fin, supo que estaba sólo. Y fue lo último que supo.
jueves 17 de abril de 2008
Los pasos suenan (bis)
Silencio. Los pasos suenan. Subí la escala, peldaño a peldaño, a veces pisando en lo blanco, a veces pisando la línea. A cada paso despierta un vecino o se duerme un bebé. Pues claro, los pasos suenan. Con la tibia y dorada llave en la mano, metal luminoso y de forma elegante, busqué mi puerta: la pieza octava del quinto piso, que es tan parecida a la primera, pero algo en su toc, toc me parece desigual. Toc, toc, la llave, los pasos: suenan. Silencio. Tiro el abrigo. Qué paso sostenido, si aún aquí, en lo alto, los pasos suenan.
sábado 9 de febrero de 2008
Violeta Madrugada
"No, no me tientes
Me atraes, hacia ti
Me cruzo con tus ojos
Me encuentro en tu mirada
Y encuentro más de lo que esperaba
Dime si sientes las ansias que siento yo
He estado esperando, deseando por tu calor
Tenemos un boleto
Hacia lo desconocido
Me contagias tu frecuencia
Me magnetizas hacia tí
Tu sonrisa azucarada me ilumina y me contenta de esta vida
Dime…
Despierto
Con el trino de la aurora
Violeta madrugada
Define tu aureola"
Un temazo. Una lástima no haberlo conocido bien hace un tiempo, cuando me habría identificado tanto. Pero más vale tarde que nunca. De canciones se puede hacer la vida, y esta representa el inicio de un capítulo ya finalizado en la mía.
Papanegro ftw!
Me atraes, hacia ti
Me cruzo con tus ojos
Me encuentro en tu mirada
Y encuentro más de lo que esperaba
Dime si sientes las ansias que siento yo
He estado esperando, deseando por tu calor
Tenemos un boleto
Hacia lo desconocido
Me contagias tu frecuencia
Me magnetizas hacia tí
Tu sonrisa azucarada me ilumina y me contenta de esta vida
Dime…
Despierto
Con el trino de la aurora
Violeta madrugada
Define tu aureola"
Un temazo. Una lástima no haberlo conocido bien hace un tiempo, cuando me habría identificado tanto. Pero más vale tarde que nunca. De canciones se puede hacer la vida, y esta representa el inicio de un capítulo ya finalizado en la mía.
Papanegro ftw!
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